Columna de Angel Jimenez, escritor

No dejes de leer: COLUMNA LITERARIA: los libros calificados como “malos” podrían ser tu mejor opción
En el año 1999, la película de terror titulada El proyecto de la bruja de Blair cambiaría el rumbo de como se podía hacer cine con bajo presupuesto. La película fue un éxito en todo el mundo, y a pesar de la existencia de un precursor en el género de “metraje encontrado” (found footage en inglés) como lo fue Holocausto Canibal en 1980, esta película marcaría un antes y un después para futuras películas con la misma temática de cámara en mano y de falso documental. Obras cinematográficas como: Actividad Paranormal, Cloverfield, REC, y Distrito 9 son un ejemplo.
Por eso, no sorprende saber que existan autores influenciados por este tipo de cine, autores que crecieron viendo este tipo de películas, y quienes se han encargado de plasmar de cierta manera estas experiencias y sensaciones en la literatura. A pesar de ser pocos los autores que toman el riesgo de escribir historias de ficción que se entremezclan en nuestro mundo y que aparenten ser reales, existe un libro el cual se le considera el precursor de este subgénero, que a menudo es malinterpretado: El Quijote.
Si bien El Quijote es considerado la primera novela moderna, su importancia trasciende aún más, pues también es el pionero en la introducción de elementos de “Documento encontrado” dentro de su trama. En la segunda parte del libro, en el capítulo VI, la obra alude al el primer volumen como un libro impreso y publicado en algún momento entre los eventos de ambos libros. Estableciendo así una de las primeras referencias de un manuscrito encontrado dentro de una obra literaria.
En la actualidad, existen pocos libros que abrazan el género de documentos encontrados, pero hay ejemplos notables que exploran esta estética como Casa de Hojas (Mark Z. Danielewski) y Guerra Mundial Z( Max Brooks) que, se podría decir, juegan y toman matices de estos falsos documentales cinematográficos y lo llevan a la literatura, fantaseando con una realidad alterna que desafían al lector. Clásicos como Drácula (Bram Stoker) también se incluyen en esta lista, al igual que La tregua (Mario Benedetti) que aunque no se centra en un documento encontrado, emplea el formato de diario para narrar la historia, demostrando la versatilidad y la capacidad de este género para crear niveles de profundidad.
El propósito de un libro de este género es la de sumergir al lector en la historia. Hacer que pierda el sentido de la realidad, haciendo de él o ella un observador omnisciente inmerso en el mundo que ha creado el autor, y que, así como les pasó a los estudiantes del segundo volumen de El Quijote, en una venta de libros usados en Toledo, cuestionar y juzgar si lo que está leyendo es real o ficción.
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3 comentarios sobre “COLUMNA LITERARIA: El género “Documentos encontrados” en la literatura”